Las Tormentas Inesperadas se disuelven en la Nube Fantasma de Odisseo

Texto y fotografías por Jorge Yeicatl / @desconocido_tour

Tormentas Inesperadas, el álbum que retrata la lucha interna y los pensamientos más íntimos del ser humano, invita a disolver los miedos en una nube fantasma capaz de transformar el dolor en plenitud.

Formada en Ecatepec en 2010, Odisseo ha sobrevivido a distintas tempestades: diferencias creativas, la partida de una voz esencial en 2018 y la necesidad de reconstruir su identidad musical. Pero cada sacudida se convirtió en impulso. Daniel León (guitarra), Edgar Macín (bajo), Rodolfo Guerrero (sintetizador) y Manuel Uribe (batería) encontraron en Juan Pablo López una nueva brújula para continuar la odisea.

El pasado 1 de noviembre, la banda conquistó por segunda vez el Auditorio Nacional, cerrando el tour Tormentas Inesperadas en una noche donde convivieron los fantasmas de quienes ya no están y las presencias de quienes aún permanecen, aunque se hayan vuelto extraños.

Entre los acordes de Días de fuego, Mentía, Los imanes y Admirador, el coloso de Reforma vibró con una energía colectiva: el público se veía reflejado en las letras de Odisseo, reconociendo en cada canción un espejo emocional.

Cuando el bajo marcó el inicio de Dos extraños, el aire se volvió denso y melancólico. Fue quizá la forma más hermosa y triste de decir adiós a quien se amó.
La estrofa:

“Juraron siempre hacerse el bien,
que nadie nunca sería infiel,
son dos extraños otra vez, marchándose”

resuena como una verdad cíclica: conocerse, enamorarse, perderse, volver a ser dos desconocidos.

Pero tras la melancolía, el auditorio se llenó de luz con Nube Fantasma, tema que simboliza el renacer. Dejar atrás la tormenta para convertirse en cazadores de una nueva ilusión. Esa nube que disuelve lo inesperado es también la metáfora del cierre y la esperanza: evaporar el pasado para atraer el presente.