Por Alfonso Morcillo
Fotografía Jorge Yeicatl
Me invitaron a ver el partido inaugural del mundial y dije no. Más me hubiera valido callarme y decir sí. Tengo un problema desde hace muchos años. Nunca me ha ilusionado ni un milímetro ver a la secreción nacional. Siempre sé que van a perder y lo disfruto. Voy contra la corriente a pesar de haber nacido mexicano. No me creo ni soy ciudadano de otro país. Me gusta esta nación y su cultura. Sólo no soporto lo que despierta en las hordas ver a un equipo de perdedores que vende sueños cada cierto tiempo, salvo dos o tres victorias renombradas y memorables en juegos olímpicos y selecciones menores.
Allá yo con mis creencias y preferencias. Me han costado caro. Desde la pérdida de amistades hasta el enojo de mi pareja por no ir a ver el partido inaugural. Y es que no me veo rodeado de orangutanes, perdón a los orangutanes por la comparación absurda, vestidos de su camiseta verde, gritando, sufriendo, emocionándose por el equipo que supuestamente representa a un país. Si Sudáfrica anotara lo festejaría como he festejado los goles que le encajan a la secreción nacional en cualquier partido que he llegado a ver, con el riesgo de ser linchado.
Alguna vez en un juego de la Libertadores, América contra River Plate, me fui al Salón Corona con una ex compañera de trabajo que le iba a las emplumadas a ver ese juego con la playera de los argentinos. Ufff, tuve que aguantar. Si hubiera cargado con mi camiseta de Pumas hubiera sido menos el zarandeo verbal y la lluvia de cacahuates y zanahorias.
Hace tan sólo unos días tuve la fortuna de no ver ninguno de los partidos de Pumas en la liguilla. Supe por comentarios de amigos de su juego mediocre, lastimero, ratonero. Tampoco tuve la fortuna de ver los partidos de la Champions, aunque siempre se pueden reproducir los resúmenes. Y vaya que hay una diferencia abismal.
Así que ver el mundial de futbol en su fase inicial, con partidos moleros como diría el Tuca Ferretti en una conferencia de prensa memorable, pues es una pérdida de tiempo, creo.
El punto es que por cuestiones de trabajo pocos, muy pocos, serán los partidos que pueda ver. Sé que me perderé de mucho o, más bien, no me perderé nada futbolísticamente hablando. Ya la convivencia, la conbebencia y lo que envuelve ver un partido rodeado de orangutanes vestidos de verde es lo que menos extrañaré.