Por Essaú Landa
COMENCEMOS, GRIEGOS: Homero no tiene rostro.
Si no fuera mono, compraría mi diccionario
pero compro el agua clara, cara que se desparrama.
Si esto de jugar se trata, habrá que disfrutar de empeños
reinventarse los trabajos, los trebejos
y saber concatenar movidas
y volver a descontar las horas
y aprender a desmontar los días.
¡Ay, poeta de la lengua dueña, de la lengua esclava, de la lengua trepadora! (que hay
poeta que es la lengua mustia tras los dientes sosegada)…
Tú, poeta, ¡habla o ladra!
que tu lengua muda nos ofende.
Contenida mi palabra es tan palabra como tu silencio casi así desesperado
al final del ruido, un lobo nuestro rostro
¡cómo aúlla nuestra sangre perra!
agua, fluyen sin facciones tus palabras
pero hay rostro que se rompe
retorciendo la sonrisa
en la lluvia cuaja la mirada
rostro pálido vitral que se acuarela
corre el agua, se llevó el instante
nuestra cara de la ceja arqueada, carcajada infante
arrugó la frente confundida y olvidó el donaire
nuestra cara es nuestra—y al final de nadie—
una máscara en el río del aire
no éramos nosotros nuestra cara
que al final será de polvo y se hace nadie
llueve afuera, llueven los televisores funestos
mas nosotros encontramos más amargas las goteras
y cerramos los ojos
en los ojos del jardín del mundo comenzaba el mundo
comenzaba como el agua a desplomarse
el agua acaso que aprendió a caer como el albatros
como el niño se cayó en el parque
como nube que aprendió a caer, metió las manos
se embarró las manos en el lodo al deshacerse
una cara es un narciso en el estanque
otra cara el lodo primigenio del primer desplome
como luna en el vaivén del agua
gota a gota se alambica el rostro verdadero
no es la luna una sino muchas caras
es la luna que se atomizó en el agua
luego se escribieron una y muchas lunas en la arena
no es la cara en el espejo, es una idea
es el rostro de Velázquez la menina
la menina no es la niña, es la menina
que a Picasso se revela desarmada
se acomoda a oscuras ese rostro
cielo desastrado
porque el ciego sol nos ciega
—¡ciego sol que nutre y quema!—
ese ciego siempre nos volvió ilusorios
Essaú Landa Sánchez Demariana es poeta, apasionado de la historia y estudiante de Letras Clásicas.