Por Jesús Nieto Rueda
Cuando se piensa en la oleada de voces literarias que emergieron en Estados Unidos durante los años cincuenta, se suelen referir los nombres de Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs, una triada de escritores que fue capital en el desarrollo de un movimiento que irrumpió con fuerza en medio de la sociedad de posguerra. Al lado de ellos está Neal Cassady, quien fungió sobre todo como una inspiración con sus cartas y su modelo de vida al margen de todo. Alguien más pensará en Gary Snyder o en Kenneth Rexroth y quizás se mencione a Diane di Prima, como si estos nombres confirmaran la actividad literaria como una esencialmente restringida a la masculinidad.
Te quiero hablar ahora de un libro: Women of the Beat Generation de Brenda Knight (Conari Press, 1996), que lleva por subtítulo: las escritoras, artistas y musas en el corazón de una revolución, y obtuvo el American Book Award en 1997. Se trata de un documento sustancial para dimensionar la participación de las mujeres en la transformación que implicó en la cultura estadounidense la presencia, sí de esos poetas que usaban camisas de leñador encima de camisetas blancas y pantalones de obrero, que trabajaban lo mismo de estibadores que en un estacionamiento de autos y que consumían drogas y escuchaban jazz, pero al lado de ellos, también, de un grupo de mujeres que no fueron menos activas ni menos audaces en su función como instigadoras de una revolución cultural.
El libro de Knight profundiza en escritoras como Lenore Kandel (1932-2009) o Diane di Prima (1934-2020), quienes lucharon por ser modelos alternativos de feminidad que exaltaban la libertad sexual, la maternidad como opción y no como mandato, así como la independencia económica de un contrato matrimonial. Di Prima y Kandel exponen los temas que atañen a la necesidad de expresar sus formas de vida como válidas en una sociedad que preconizaba la idea de la mujer como ser pasivo.
“La poesía ha abandonado los salones de clases y ha salido a las calles, y esto ha abierto paso a un flujo de polinización cruzada, muchos de cuyos frutos son viables en ambos medios” dice Kandel en Alquimia de palabras. En los dos centros principales de efervescencia beat: Nueva York y San Francisco, la poesía se reivindicó como un medio válido para la protesta política, la crítica social, así como para desmantelar una idea de la literatura que se restringiera a las estrategias ya conocidas. Continúa Kandel en su reflexión: “tanto la imaginación como el lenguaje solían ser minimizados y enmudecidos, convirtiendo al poema, las más de las veces, en un mero vehículo para las acrobacias literarias”. Las maneras de escribir que pusieron en práctica quienes suscribieron la propuesta beat apostaron menos por una vanguardia ceñida a la innovación formal que a revolucionar la ejecución del poema, tanto en su escritura como en sus diversas presentaciones públicas.
Los poemas de Kandel y Di Prima abundan en temáticas sexuales y evidencian una necesidad de poner énfasis en un feminismo que coloca el cuerpo y la intimidad también en el afuera del discurso literario. Di Prima, autora de Memorias de una beatnik (UNAM, 2020), deja clara asimismo la búsqueda espiritual de una generación cuya conciencia de crisis no dejó intacta ni uno solo de los pilares de una nación que pasó entre el siglo XIX y el siglo XX de ser un gran país de provincias a convertirse en uno de los principales actores políticos, económicos y culturales en el mundo. Las guerras de Corea y Vietnam, las intervenciones del Tío Sam en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Argentina, Chile, por nombrar solo algunas; la revolución feminista; el ecologismo; la reivindicación de los derechos civiles de los afrodescendientes, son todos problemas que atraviesan la literatura beat y que han implicado una manera diferente de entender las contradicciones de Estados Unidos.
Denise Levertov (1923-1997) llegó de Inglaterra como una autora joven publicada, fue punta de lanza y víctima de vilipendios provenientes de poetas misóginos que si bien abanderaban el movimiento beat no cuestionaban sus privilegios como varones. Después de todo, la calidad literaria se impuso y Levertov fue reconocida como la talentosa escritora que era. Si bien al principio estuvo interesada en la estética ruidosa y escandalosa de la poesía beat, la autora fue abandonando esa tendencia y construyó un universo personal que se alejó de las diferentes escuelas poéticas. El impulso autónomo de Levertov puede verse reflejado en los siguientes versos de su poema “Otro viaje”: “no la Historia, sino nuestras historias/ un sueño brutal empapado en nuestras vidas,/desmesurado, abierto, ilusorio,”.
Durante los sesenta y los setenta, Levertov fue editora de poesía para la revista The Nation donde dio voz al trabajo de otras feministas y poetas activistas de izquierdas. Más adelante la autora también se sumergió en la búsqueda religiosa y se confirmó cristiana, explorando estos temas también en su poesía.
Aunque varias de estas personalidades han tenido una relación con México, vale la pena mencionar en específico a Margaret Randall (1936), quien vivió durante una época en nuestro país y protagonizó junto con el también poeta Sergio Mondragón uno de los proyectos literarios más originales de los años sesenta en México: El corno emplumado, una revista que operó como un abanico de la poesía que se escribía principalmente en el continente americano y que incluso incluyó a algunos autores europeos y asiáticos. Aunque El corno no se restringía a ser un órgano de difusión de la poesía beat, sí fue uno de los espacios en los que respiró esta tendencia y se apostó por su visión abierta a la novedad. El proyecto concluyó cuando en una editorial de la revista se expuso la indignación ante la manera brutal en que intervino el gobierno en el movimiento de 1968. De ahí se acabó el apoyo estatal que permitía sostener la publicación. Randall se fue a Cuba durante una temporada y actualmente vive en Nuevo México.
No menos importante es Anne Waldman (1945), quien se percibe a sí misma como una heredera de la generación beat y quien reconoce en las mujeres que estuvieron antes que ella en el ámbito de la poesía como pioneras. Waldman fundó junto con Ginsberg la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics en Boulder, Colorado y ha sido por años profesora de poética en dicha institución.
Consciente de la importancia de la performatividad del poema, de la necesidad de que la palabra interpele de viva voz a sus interlocutores, Waldman se ha hecho célebre con sus lecturas públicas. Solo para dejar una probada de su trabajo, cerramos aquí con el “Blues del antropoceno” en el que se manifiesta la herencia beat, donde se reivindica la esencia musical, la crítica social y la simpatía por las filosofías orientales. Cerramos así esta invitación a tentar el fuego.