Entrevista con Alma Karla Sandoval: la poética del cuerpo

Por Armando Noriega

Entrevista con Alma Karla Sandoval: la poética del cuerpo

Por Armando Noriega

Alma Karla Sandoval habla de poesía abriendo una ventana que no da al paisaje, sino al vértigo. Su nuevo libro, Erótica de tres ventanas (Los libros del perro, 2025), no es un simple compendio de poemas, sino un cuerpo hecho de lenguaje y respiración. Una casa con tres habitaciones: Por defecto de melena, Ciruelas para los jinetes y Asunción del verbo. Cada una, una ventana distinta hacia el deseo, la herida y la contemplación.

“Una ventana tiene un efecto ontológico”, comenta. Lo dice con la convicción de quien ha vivido asomada al abismo. “Quien abre una ventana no puede cerrar los ojos. Abres para mirar, y cuando miras, sabes que te vas a encontrar contigo misma”. En su voz la palabra refugio se desarma: re-fugio, volver a huir. Nos refugiamos, dice, solo para volver a irnos. Como si escribir fuera otra forma de libertad, de renacer en la fuga.

Erótica de tres ventanas cicatriza a cielo abierto. Es una herida expuesta al aire. Sandoval cita un verso de Marisol Vera Guerra: “El llanto es una flor de agua mecida por el viento”. Y en esa frase cabe todo su libro: el dolor como forma de respiración. “Esta erótica propone la cura”, explica. “Es una alternativa a la herida existencial. Todos vivimos en falta. Pero abrir la ventana, dejar entrar el aire, permite comprender lo que duele”.

Sus palabras resuenan con la lucidez de quien contempla hacia atrás sin añoranza. “Después de treinta años de escribir, puedo asomarme a cada libro como quien vuelve a una casa por fin terminada”. En Erótica de tres ventanas, la poeta deja de ser protagonista para convertirse en su propia lectora. “Es un ejercicio de desagregación”, dice. “Mirar mi historia desde lejos, sin la neblina del yo. Cada libro es una ventana; todas juntas forman la casa interior”.

Cuando habla de pintura, sus ojos parecen encenderse. En su poema Lección de historia del arte desfilan Van Gogh, Remedios Varo, El Bosco, Frida Kahlo, Renoir. “Escribir es pensar en imágenes”, afirma. “Los cuadros también son ventanas. La página es una ventana. Un poema es dibujar con palabras”.

Entonces todo cobra sentido: Erótica de tres ventanas es un museo interior, una galería íntima donde cada poema es un cuadro y cada cuadro, un herida que respira.

Pero el arte no es solo contemplación. También es territorio de lucha. “Las dos cosas”, responde cuando le pregunto si el dolor sigue siendo una fuente creativa o si ya es tiempo de escribir desde la alegría. “En la poesía latinoamericana debemos hacernos esa pregunta con ciencia. Tenemos una herida colonial que no hemos logrado superar”. Habla con ironía de los jurados internacionales que reconocen a los poetas latinoamericanos por su tono doliente. “¿Cómo superar la herida colonial si seguimos colonizados?”, lanza, con esa mezcla de indignación y lógica que la caracteriza.

Su propuesta no es negar el dolor, sino transformarlo. “Necesitamos más poesía celebratoria, más erótica, menos necropolítica”, dice. “El humor es un signo inteligente. La alegría está en el humor”.

Cita a Sábato: nadie puede contra un hombre que cante en la miseria. Luego sonríe. “Ni contra una mujer, claro”.

Alma Karla insiste en que el dolor puede ser punto de partida, pero no destino. “Está bien escribir desde lo que duele, pero que no sea donde llegues. La clave está en moverte hacia la vida, hacia una bioescritura”. Habla de ironía, sátira, fiesta. “Desde el fandango latinoamericano, desde la danza del cuerpo. No negar la herida, sino enseñarle a bailar”.

La conversación se adentra entonces en el cuerpo, ese territorio donde se confunden piel y palabra. “La poesía se escribe con el cuerpo”, dice. “Desde que te sientas a escribir, lloras, sudas, transpiras. Tu respiración marca el ritmo del poema”.

Para ella no hay separación posible entre cuerpo y lenguaje. “Nuestro cuerpo es el instrumento con el que tocamos el mundo o con el que el mundo nos toca. El cuerpo habla primero, el lenguaje solo traduce”.

Su tono se vuelve íntimo, casi confesional. “Somos lenguaje, dice, y desde el lenguaje construimos realidades. Lo que nos decimos moldea nuestro cuerpo. El lenguaje es una materialidad. Define nuestra carne, nuestra historia”.

Y cuando la entrevista parece llegar al final, le lanzo la última pregunta: si tuviera una cuarta ventana, ¿a qué mirada la abriría? “A un paisaje completamente diferente”, responde sin pensarlo. “No al calor, quizá al invierno. A la nieve. A ese frío que me es ajeno. Crecí en Jojutla, más caliente que Comala, y ahora quiero asomarme a lo invernal, al mar, a esos paisajes que no conozco”.

Se queda en silencio unos segundos, como si estuviera abriendo esa ventana invisible.
Y uno entiende que su poesía siempre mirará hacia donde el viento duela, pero ayude a cicatrizar.

“Nos refugiamos solo para volver a irnos.
Porque toda ventana —como la poesía—
es una promesa de fuga”

Alma Karla Sandoval