Por Arturo J. Flores
La Juárez se conoce caminando. Es una colonia para explorar. Sólo así se llega a sitios como Wok’ando. El restaurante surgió como proyecto personal del chef Alejandro Candó, con el objetivo de servir especialidades de la cocina asiática fusionadas con ingredientes y técnicas mexicanas.

Una pausa, unos drinks con sake
Caminando llegamos a una mesa para compartir unas gyozas al vapor. Desde que les hundimos los hashi pudimos sentir la textura. Luego, al acercarnos la cara, el golpe del humo te trae también el aroma de las verduras y la carne en el punto exacto. La caminata y la hora hacen la mezcla perfecta. Tenemos hambre, pero en Wok’ando hay para escoger.
Nosotros nos decantamos por unos tacos de camarón tempura. Ni muy chicos, ni demasiado grandes, aunque no están considerados en la parte de “Entradas”, por sugerencia del chef Candó los elegimos junto con los Wotones de atún, que mezclan un toque crunchy con el toque característico del pescado.
Entre las entradas y los platos fuertes, aprovechamos la pausa para darle una vuelta a la carta coctelera. Diseñadas al alimón entre el chef y el mixólogo Carlos Arredondo, las opciones que sobresalen son aquellas con sake. Porque no es común que se pueda saborear un Saketini (Martini con sake) o una Mimosake, que es la versión en bebida japonesa de la mimosa, adicionada con vino rosado, jugo de naranja y jarabe de rosas.

El pozo de las brujas
Llegaron, pues, los platillos. En mi caso, elegí el Wok de pollo dulce picante. Acompañado de un tazón de arroz blanco al jazmín, incluye una pechuga en tempura mezclada con una salsa de miel y chiles con nueces de la India. ¡Qué cosa! Una auténtica delicia a la que sólo habría que hacerle un reproche: la vastedad del platillo que, después de tres generosas entradas, me hizo imposible salir avante de la batalla.
Mi acompañante se fue a lo seguro. Y lo digo porque, a diferencia de mí, ya conocía Wok’ando. Así que repitió el plato que ya conocía y la hizo volver. El ramen miso-udon, que acompañó con una suculenta panceta de cerdo, hongos, cebollín, huevo marinado y una burbujeante mezcla de ingredientes que me recordaba el pozo de una bruja. Y cómo no, si en medio de ese caldo oloroso que provocaba mis más cínicos antojos, sucedía un acto mágico.

Un postre y un spot para Instagram
Finalmente, compartimos un pastel de chocolate con helado de vainilla. Porque si en la vida cuesta trabajo que lleguen los finales felices, en la mesa el cierre siempre se debe hacer con dulzura. Nos retiramos, sí, no sin antes tomar unas fotos de la decoración y el diseño logrados por el arquitecto Sergio Arredondo. Sí, porque Wok’ando también es un spot para Instagram.
Y después de comer opíparamente, no queda de otra que volver a pie. Porque la Juárez se conoce caminando.