Prótesis: la reapropiación del cuerpo

Por Patricio. G. Gallo

Vivimos dentro de una realidad saturada de máquinas y procesos, con un marcado estrés por la salud y una necesidad por alcanzar un estado de bienestar individual. Nuestra relación con los dispositivos y con el ámbito industrial, ha modificado nuestra manera de relacionarnos con nuestros cuerpos, al nivel de apropiarse de ellos. 

Esa parece ser la premisa de las nueve artistas que exponen sus obras en Prótesis; una muestra de trabajos de mujeres que plantean la urgencia de una reivindicación del cuerpo, en tiempos en los que éste parece pertenecer cada vez más a las industrias.

Para este colectivo, en tiempos posmodernos la industria atraviesa el cuerpo feminizado y lo somete a cambios forzados. Lo natural, lo orgánico, ha perdido su sentido más literal; el mismo cuerpo atraviesa diversas metamorfosis, y la industria farmacéutica, por ejemplo, lo llena de paliativos; tuercas que no aprietan pero que aparentan hacerlo, lo satura con más y más tecnología y cada vez resulta un cuerpo menos orgánico, más ajeno; como la añadidura de un ser mecanizado, de un autómata inerte pero que funciona precisamente, como una prótesis. 

La exhibición comienza con un impulso por la libertad dentro de los mismos paisajes industriales que nacieron de raíces; surge como una reapropiación artística de los espacios, el reclamo de un cuerpo atravesado, un cuerpo orgánico que cada vez se pertenece menos a sí mismo. Gradualmente se parece más a una máquina, a sus componentes y sus comportamientos. 

En “Yo vomito azul”, obra de la artista Inés Sroczyñski Merino  –fotógrafa, cineasta y artista visual–, se observan impresiones de un cuerpo femenino y sus órganos. La cianotipia –técnica utilizada en la elaboración de esta obra–, remite a una versión orgánica de una imagen de rayos X. Un color azul que acentúa la sensación de estar en un ambiente de hospital. Ambas obras retratan al organismo siendo intervenido por tijeras quirúrgicas, tal vez amenazado, despojado de la organicidad de la que alguna vez fue parte. 

En otro espacio, junto a un espejo largo, el espectador se encuentra frente a un cuerpo femenino de proporciones reales, unido con costuras, sobre lo que parece ser una camilla de hospital. Con el vientre abierto, la obra parece decirnos lo que la autora, Mila Tapia, nos dice en sus palabras:

Algo oculto entre sábanas sin olor. Blanco puro que arde a los ojos. Nuestro cuerpo en su estado más débil, en la enfermedad, en la muerte. Quiero preguntar por nosotros. No como obreros o militares, sino de una manera sutil. Quiero preguntarme por la fragilidad. Nuestras sociedades posmodernas han logrado preservar un cuerpo atravesado: suficientemente sano para que pueda seguir produciendo y lo convenientemente enfermo para ser dependiente: fármacos que continúan un ciclo de dependencia.  

Lucía Serrano parece afirmar que el camino de regreso a una concepción más humana del cuerpo, es un camino complicado. A través de su instalación fotográfica confronta el cuerpo-sujeto con el cuerpo-objeto. 

La cosificación del cuerpo podría representar no solo nuestro paradigma contemporáneo inescapable, sino una respuesta en donde yace el derecho del objeto de exigir humanidad  o el derecho del humano por exigir objetualidad.

Las obras aquí no gritan, más bien abren el diálogo de una manera natural, con la que dejan ver su fragilidad y su sensibilidad, para en lugar de discutir con el artefacto, lo hace parte de su discurso. Performance, música, fotografía, cine, cianotipia, escultura e incluso escritura. 

Esta muestra multidisciplinaria se deja ver de manera sincera y con gestos fuertes, para dar pie a un mensaje directo. 

El arte de la resignificación predomina como la esencia de la exhibición, el cuerpo feminizado no es aquel que es dominado, es un cuerpo que toma lo que le ofrecen, lo que le prescriben, lo que le lanzan, y lo cohesiona en un modo auxiliar de existir, en una prótesis de lo que alguna vez fue la vida orgánica, y reclama desde el arte, el cuerpo que la tecnología ha despojado, tomado, arrebatado.
La curaduría y museografía hacen un trabajo impecable a cargo de Jimena Zarco, María Figueroa y Lucía Serrano. 

Las figuras del cuerpo femenino hablan por sí solas. Recalcan que están dispuestas a permanecer, aunque los tiempos neoliberales digan lo contrario.

La exhibición Prótesis se presentó los dìas 27, 28 y 29 de agosto en Tonalá 66 en la colonia Roma de la Ciudad de México