Principio, medio, fin: Volver al origen

Patricio Gallo

Principio, medio, fin; todas las cosas los tienen, lo que compone a la naturaleza pasa por estas tres etapas. Si lo diéramos por sentado, tendríamos la oportunidad de vivir una vida más tranquila, quizás no una feliz, pero sí en paz. Respondemos a inquietudes muy básicas, a desasosiegos momentáneos y a angustias por asuntos que no son importantes y, sin embargo, parece que las vemos desde la sombra de un rascacielos.

¿Con qué inician las cosas? Es la primera pregunta, pero también la última de Principio, medio, fin, la más reciente novela de Valeria Luiselli. Una reflexión, un constante ir y venir entre pregunta y pregunta, entre respuesta y respuesta. Una hija interroga a su madre sobre cómo son las historias de origen. La madre no tiene una solución concreta, por lo que ambas recurren a los clásicos, donde hurgan por respuestas.

El ejercicio de escribir notas a diario es necesario para sacar lo que no se le puede confiar a nadie, y menos en situaciones límite. Momentos donde tienes que escapar y hacer el intento de volver a empezar. Y después de seis años de notas acumuladas en una libreta en el fondo de la bolsa, se forma una novela no lineal, abierta a la interpretación del lector y apelando a la imaginación del mismo.

El principio, medio y fin de tres generaciones que colindan entre sí, indagaciones en los orígenes familiares, y en cómo el poco contacto con una abuela puede hacer que su nieta —o su hija— desarrolle una obra sin darse cuenta.

¿Trabajar con la ficción puede llegar a entrometerse con las memorias que tenemos de la vida? Quizás habitamos un recuerdo que no es el nuestro, que ha sido alterado con cuidado por la ficción. A través de polaroids recién tomadas, tanto la hija como la madre le cuentan al lector su viaje por Sicilia y sus hartas ganas de empezar de nuevo, en donde se comparte la sensación de estar deambulando alrededor del inicio del mundo, pero también de su fin; lo único que queda es el medio.

En esta novela la premisa literaria principal parece ser la nostalgia. El regreso a lo anterior, a lo más sencillo. Ser un turista en el pasado y quizás en lo perdido es una costumbre que se ha quedado olvidada y enterrada; en su mayoría porque nos da miedo el regreso, nos asusta el retroceso, aunque sea el principio del cambio.

Valeria Luiselli, Fotografía: Maria Moratti

Algunos filósofos reaparecen en la obra —al igual que numerosos clásicos—. Su regreso es simbólico para intentar comprender el origen. Hay algo en la mirada de filósofos como Empédocles, de autores como Plinio, que nos regresa a un particular tipo de atención. Una atención que hoy en día es muy complicada de tener. Cuando uno escucha de verdad, se puede habitar el tiempo. Nos mantenemos en el presente, que es la manera más cariñosa de cuidar el mundo.

En la obra de Luiselli, el ruido y el mundo sonoro son elementos fundamentales para su lectura; es un juego de interpretaciones el que se tiene con la obra. No se puede deslindar el sonido cálido de Sicilia con las frecuentes preguntas de la hija a la madre.

Al terminar el libro, uno se queda con más preguntas que respuestas, aunque quizás ese sea su objetivo. La calma con la que la autora transmite unas de sus vivencias más fuertes y unos de sus momentos más críticos es cautivadora. Sin duda alguna Principio, medio, fin es una novela complicada pero a la vez muy simple. La autora cuenta lo que necesita, sin necesidad de agradarle a nadie, sin querer quedar bien con los lectores y, sin embargo, logra capturar no solo la atención, sino la curiosidad del lector por la historia verdadera, por cómo ocurrieron las cosas. Valeria Luiselli recupera pasado, arroja futuro, pero decide quedarse en el presente, en el medio.