Por TIM
Hay bandas que nacen en garajes. Otras en charlas de bares de mala muerte. Dubioza Kolektiv nació prácticamente en un refugio antiaéreo. Formados en Bosnia y Herzegovina en plena resaca sangrienta de la guerra balcánica, comenzaron a escribir canciones cuando hacer música era menos una carrera y más un acto de resistencia. A principios de los noventa, mientras Sarajevo sobrevivía bajo asedio, los ensayos ocurrían en sótanos húmedos, entre sirenas, apagones y una ciudad que apenas tenía electricidad para seguir respirando.
En aquel contexto absurdo, el sueño no era firmar con una disquera ni tocar en festivales gigantes: el sueño era simple y brutalmente básico -tener luz durante una hora para enchufar un amplificador y probar una canción-.
Décadas después, ese ruido nacido bajo tierra terminó viajando por todo el planeta. Con su cóctel explosivo de ska, punk, hip-hop, electrónica y ritmos balcánicos, la banda ha convertido el escenario en una mezcla de fiesta colectiva, sátira política y descarga de energía pura, llevándolos desde clubes sudorosos hasta festivales monstruo como Glastonbury o Lollapalooza.
Ahora, para celebrar su regreso a México y su aparición en el escenario del Vive Latino 2026, hablamos con Brano Jakubović, fundador y cerebro detrás de esta maquinaria balcánica que suena como si un motín musical estuviera ocurriendo sobre el escenario. En la conversación, Jakubović recuerda aquellos días en los que el mayor lujo era encender un amplificador, revive una predicción casi profética hecha por Manu Chao sobre el futuro de la banda en México y reflexiona sobre algo que, a miles de kilómetros de distancia, conecta a los Balcanes con Latinoamérica: la extraña capacidad de convertir la adversidad en música, ironía y fiesta colectiva.
Hoy en día, los grandes festivales suelen presentarse como espacios de libertad, diversidad e intercambio cultural. Pero tras bambalinas siguen siendo un gran negocio. ¿Sienten que el circuito de festivales corre el riesgo de convertir la música rebelde en un producto de entretenimiento más?
Todo depende del festival. Está claro que debe existir algún modelo de negocio, porque de lo contrario sería imposible organizar proyectos de esta escala. En mi opinión, es posible encontrar un equilibrio razonable entre activismo, cultura y una cierta dimensión económica. Al final, todo depende del objetivo y de la sensibilidad de las personas que organizan y dirigen un festival o un espacio cultural.
¿Qué esperan del público mexicano en este Vive Latino 2026?
Cuando nos estábamos preparando para viajar a México por primera vez, los médicos me prohibieron hacerlo debido a mi estado de salud en ese momento. Me puse muy triste. Me enteré de la noticia mientras tocábamos en un festival en Hungría. A la mañana siguiente estaba en el hotel con Manu Chao, que también se presentaba en ese festival.
Le conté lo triste que estaba porque México está entre los cinco países a los que más sueño con viajar y donde más me gustaría tocar. Manu me dijo que no me preocupara, que Dubioza iría allí por primera vez y que la gente definitivamente conectaría con nuestros conciertos. Incluso me dijo que podía garantizar que después regresaríamos a México cada año.
Han pasado tres años desde entonces y esta ya es nuestra tercera vez de regreso en México. Siempre debería escuchar a mis colegas mayores. Gracias, Manu.
Vive Latino siempre ha sido un punto de encuentro entre culturas, idiomas e ideas diversas. ¿Qué tipo de energía busca desatar Dubioza Kolektiv al subir a ese escenario?
Nuestro concierto comienza con una introducción de audio: un mensaje de voz que le explica al público que nuestro set de festival en realidad funciona como una especie de banda sonora para ejercicios aeróbicos balcánicos. La idea es poner a la audiencia en movimiento desde el primer minuto y desarrollar hábitos musicales saludables.
Al mismo tiempo, a través de nuestras canciones intentamos transmitir mensajes relacionados con la situación política y social actual de la gente común. Nuestro concierto se convierte así en un espacio donde las personas pueden bailar, quemar calorías, eliminar el estrés y, al mismo tiempo, pensar y conversar sobre los problemas del mundo en que vivimos.
Para una banda que creció durante la guerra en los Balcanes, tocar en un festival como el Vive Latino, a miles de kilómetros de distancia, frente a una cultura completamente diferente, debe ser surrealista. ¿Qué significa recordar ese momento para ti personalmente?
Cada vez que pienso en eso recuerdo cómo en 1993 empezamos a tocar en los sótanos de Sarajevo. En ese momento no pensábamos en grandes festivales, escenarios enormes ni miles de personas en el público. Nuestro sueño era mucho más simple: tener electricidad en Sarajevo, aunque fuera por una hora, para poder encender los amplificadores y probar una canción.
Hoy a veces no sé qué parece más irreal: que viví y crecí en una ciudad que estuvo bajo asedio durante cuatro años sin las condiciones básicas para vivir, o que hoy estoy haciendo la maleta para viajar a México y tocar en uno de los festivales más grandes de América Latina.
Tras realizar giras por Europa, América y otros lugares, ¿qué han aprendido sobre cómo reaccionan las diferentes sociedades a la música política?
Creo que las diferencias en cuanto a experiencias, protestas y el deseo de construir una sociedad más justa existen más entre generaciones que entre países o continentes. Me parece que las generaciones más jóvenes hoy son más activas en el mundo virtual y menos en las calles.
Es difícil decir cuál de estas formas de participación es más efectiva en un mundo donde nuestras vidas están cada vez más divididas entre centros comerciales, carreras profesionales, redes sociales y el poco tiempo que reservamos para nosotros mismos.
Personalmente, el activismo desde el teclado no me resulta tan cercano, porque muchas veces termina convirtiéndose rápidamente en cultura de cancelación, y eso normalmente no lleva a ningún lado más que a desperdiciar electricidad discutiendo en secciones de comentarios.
El mundo actual se siente cada vez más polarizado política, cultural e incluso digitalmente. Desde los Balcanes hasta Latinoamérica, ¿ven paralelismos entre las luchas de ambas sociedades?
Me parece que los Balcanes y América Latina se parecen mucho en ese sentido. Durante siglos, ambas regiones vivieron bajo diferentes formas de dominación colonial. De esas condiciones de pobreza y humillación muchas veces nacen culturas inesperadas y profundamente creativas.
Las ideas y la inspiración siempre están burbujeando debajo de la superficie. Cuando no existen las condiciones ideales para crear, el acto de crear se convierte en una misión, en algo mucho más profundo. Yo mismo experimenté una forma de liberación a través de la música, incluso viviendo en una ciudad ocupada durante más de cuatro años.
Para mí, la música abrió un camino espiritual hacia la libertad.
Su música suele transformar temas políticos intensos en algo riguroso e incluso festivo. ¿Creen que la música puede seguir marchando como una verdadera herramienta de resistencia en una época en la que la política a menudo se reduce al ruido de las redes sociales?
Creo que la música nunca ha sido realmente un arma para librar batallas políticas. Las batallas políticas se libran en la calle y la presencia física es lo que realmente cuenta. Nosotros podemos cantar sobre estos temas todo lo que queramos, y eso puede servir como una forma de preparación y de generar una energía colectiva que sea el punto de partida para cambios reales.
En ese sentido, la música puede funcionar como una banda sonora o como inspiración para las personas que quieren participar activamente en la construcción de una sociedad mejor.
Muchas de sus canciones critican la corrupción, el nacionalismo y la hipocresía política. ¿Ven a Dubioza Kolektiv como una banda que documenta la realidad política o como una que intenta activamente desafiarla y perturbarla?
Intentamos escribir sobre nuestra propia realidad y nuestra experiencia de vida, más que sobre la realidad política que presentan los medios. Muchas veces la llamada “realidad política” se construye en las redacciones de los medios para las masas, y con frecuencia está dirigida por personajes bastante dudosos.
Nosotros preferimos hablar de lo que vivimos y sentimos. Si alguien se reconoce en esas historias, entonces sentimos que hemos logrado más de lo que esperábamos.


