Porquería y plusvalía: seguimos siendo 

Patricio Gallo

Los cambios ocurren sin darnos cuenta, al menos la mayoría. Lo normal es aquello a lo que nos acostumbramos, lo que dejamos de cuestionarnos. Se convierte en el elefante de la sala cuando sentimos que eso que era nuestro, ha dejado de serlo gradualmente, en silencio. Tampoco le pertenece a alguien más; se ha quedado en un limbo en el que no lo toma nadie porque parece estar hecho para alguien más. 

Nuestras calles ya no son nuestras, nuestros rótulos ya no están pintados para nosotros, sino hechos para complacer a otros criterios estéticos, para agradar a otros. Barrios como la Roma, la Condesa o Coyoacán están cada vez más engullidos por lo que, de una u otra forma, queremos que los turistas vean; somos parte de una vida que existe detrás de una fachada que cada vez apaga más nuestra identidad. Nos ahogamos en problemas en lugar de solucionarlos. En un abrir y cerrar de ojos las rentas están al triple y no se puede vivir sin al menos un roomie. La comida que antes era la más barata ahora nos deja sin la mitad del dinero destinado para vivir; su valor ha incrementado drásticamente y no nos queda más que dejarnos llevar por la corriente. Los costos suben por el turismo, y los dueños pasan por alto el hecho de que si la comida y rentas incrementan, no solo lo han de hacer para el exranjero, también para el resto.

En la cúspide de la gentrificación y en pleno auge de la tropicalización, surge la exhibición “Porquería y plusvalía” en el Foro Multidisciplinario Locatl en la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. Este proyecto, iniciativa del colectivo Crisol Creativo, congrega a nueve artistas con la pretensión de contribuir a retomar y reconfigurar el territorio. En esta estetización del desalojo, se recorren las calles más turísticas y convertidas en objeto por los tianguis, los menús en inglés antes que en español y las viviendas arrebatadas. 

Las resistencias siempre se crean desde el instinto más humano, y si las marchas y el diálogo no son suficientes, lo que queda es hablar desde el arte. Las piezas de estos nueve artistas sirven como oposición al trazo de una ciudad que intenta socavar sus propias imágenes y su vasta cultura colectiva.

Los artistas que participaron en la exhibición son Nicte Bretón, Ranita, Claudia Viveros, Vainilla Martínez, PGMXIIIART, Luis Angel Santiago, Pinche Jero, Gad-Veda, Mijail Cortes y Pandora Vázquez.

En palabras de la co-curadora de la exposición e integrante del colectivo Crisol Creativo, Iker Valdés, el nombre del proyecto se deriva de la idea de cómo la plusvalía, el factor del aumento de la vivienda, afecta a toda la comunidad popular de las zonas afectadas. Y por el otro lado, la porquería se refiere a “odo el resto de la gente que le estorbamos al gringo, europeo o turista que puede acceder a precios elevados. El foro en el que se llevó a cabo la exhibición reflejaba el espíritu de una ciudad que se defiende de la transformación, casi como si hubiera sido planeado para una exposición del tema.

En Aquí a la vuelta, grabado por Pandora Vázquez, el retrato de un día normal en la Ciudad de México se vuelve memorable. No importa la hora, lo que se queda en la memoria es la fuerte imagen de un hombre tomando el sol al lado de una bocina. Esta representación es impactante por lo común que resulta verla por las calles. Sin embargo, no necesariamente es algo que un turista quiera ver; es algo que podría parecer “peligroso” a ojos de alguien que no frecuenta la ciudad. Pareciera que eso es a lo que deberíamos aspirar, a mostrar situaciones de la vida diaria sin querer dar una apariencia perfecta. La obra es contundente, y se completa con su título. Ese juego que existe entre el espectador, la obra y su nombre, da como resultado una interpretación fuerte, pero perfectamente plasmada.

Subirse al metro puede significar un vistazo a la realidad, una mirada al estado que guardamos como sociedad. Tal y como Mijail Cortes refleja en su obra Agotamiento estudiantil. En esta litografía sobre papel, una pasajera regular observa a quien parece ser un estudiante dormido a las puertas de un vagón. Parece que Mijail está reafirmando el concepto de “porquería”. El desdén con el que a menudo la gente mira lo que le desagrada. Cuando no conocemos las razones por las que alguien se encuentra en alguna situación límite, solemos desacreditarla, sin pensar en las razones; nos convertimos en aquellos que pueden abonar a construir el concepto de porquería.

Agotamiento estudiantil, Mijail Cortés

En la obra titulada Santa Matria de la artista PGMXIIIART, se puede ver lo que parece ser una sombra hueca de la virgen, formada por simbolismos mexicanos. Un letrero que pregunta ¿Dónde están?, drones volando alrededor de la virgen y automóviles que hablan de la ciudad. Íconos tan populares como los ajolotes forman parte del caos en el que a menudo esta ciudad se convierte. La obra termina pareciendo un retrato de la parte más caótica de nuestra identidad, pero a la vez sus gestos más sinceros; tal vez deberíamos mostrar tanto lo bello como lo confuso.


Santa María, PGMXIIIART

El monstruo de ciudad en la que vivimos nos tiñe de matices violentos y fuertes, pero son las cosas que se ven entre líneas las que la hacen hermosa. Son los actos en los que nunca reparamos los que pueden hacer que cambie nuestra relación con lo que significa la plusvalía. Escribir un poema, grafitear una postura, retratar el día habitual de una persona en el transporte público; reapropiarse de la ciudad. La expresión, la búsqueda de nuevas formas de decir las cosas parece ser la única manera en la que se puede generar un cambio gradual.