Alan Corkidi
Con frecuencia se da por hecho que ser judío y ser sionista es lo mismo, hasta el punto de que criticar al sionismo suele interpretarse como un ataque al judaísmo.
Este ensayo parte de la premisa de que no solo son conceptos diferentes, sino que también opuestos y contradictorios. Se buscará desentrañar ambos conceptos y posteriormente entender de qué manera un proyecto político llegó a presentarse como la expresión legítima de una identidad milenaria. El objetivo es cuestionar esa equivalencia y abrir espacio para pensar el judaísmo más allá del Estado de Israel.
El sionismo es una corriente política surgida en un contexto histórico concreto, no un sinónimo atemporal e inherente del judaísmo. Su desarrollo estuvo profundamente ligado al antisemitismo europeo del siglo XIX, que llevó a muchos judíos a cuestionar la posibilidad de garantizar su seguridad y su futuro dentro de las sociedades en las que vivían. Para comprender cómo esta experiencia contribuyó a dar forma al proyecto sionista, me detendre en dos figuras: Hayim Nahman Bialik y Theodor Herzl.
En abril de 1903, durante dos días, la población judía de Kishinev, una pequeña ciudad del entonces Imperio ruso, fue víctima de uno de los ataques antisemitas más sanguinarios de la época. Murieron 49 personas, más de quinientas resultaron heridas y decenas de mujeres fueron violadas (Ireland, 2009). Ese mismo año el poeta Hayim Nahman Bialik escribió «En la ciudad de la matanza», publicado en 1904. El poema dirige buena parte de su furia contra las propias víctimas: describe a los hombres escondidos mientras sus mujeres y hermanas eran violadas, los compara con ratones aterrorizados y los contrasta con el recuerdo de los antiguos héroes judíos (Harari, 2024). Para Bialik, la tragedia no estaba solo en la violencia, sino en la pasividad de un pueblo que no tomaba su destino en sus manos. Así, el poema fijó una imagen que marcaría al sionismo como programa político: la del judío como un ser débil, y la exigencia de que dejara de serlo.
Siete años antes de la masacre, Theodor Herzl había convertido la persecución en un programa político: El Estado judío (1896), un manifiesto que proponía escapar del antisemitismo europeo mediante la creación de un Estado propio en Palestina. En 1902 publicó la novela Altneuland («Vieja y nueva patria»), donde imaginó cómo sería esa sociedad judía moderna. Ambas obras tuvieron un peso enorme en el movimiento; tanto, que la traducción hebrea de la novela se tituló Tel Aviv, nombre que adoptó la ciudad que hoy es el principal centro urbano de Israel (Harari, 2024).
Pero el antisemitismo no fue el único factor. Tanto Herzl como Bialik se formaron bajo la influencia de los nacionalismos europeos del siglo XIX. Ambos tuvieron un papel comparable al de otros poetas nacionales de su época, como Tarás Shevchenko para el nacionalismo ucraniano, Sándor Petőfi para el húngaro y Adam Mickiewicz para el polaco (Harari, 2024).
Esto nos permite entender que el antisemitismo y el nacionalismo europeos fueron decisivos en la formación del sionismo. El sionismo nace como una respuesta europea a una violencia europea. Esto significa que el sionismo no brota de la tradición judía, sino que la tradición fue reinterpretada para encajar en un proyecto ya definido por conceptos planteados antes por europeos.
¿Qué es, entonces, el judaísmo? Contrario a lo que suele pensarse, no es solo una religión, sino una forma de vida. Podría definirse como “la identidad colectiva de un grupo etno religioso y una nación que comparte un sentido multidimensional de pertenencia, una memoria histórica y un pacto familiar” (Jewish American Heritage Month, 2025). Por eso un judío no deja de serlo si se vuelve agnóstico o ateo: la pertenencia descansa en un lazo de «parentesco extendido» y en un conjunto de reglas y maneras de entender la vida, cuya base es el Talmud.
Esa forma de vida no se construyó en un Estado, sino en el exilio. Durante siglos, las comunidades judías desarrollaron su existencia en la diáspora: allí transmitieron sus textos, crearon sus instituciones y preservaron su identidad colectiva de generación en generación. Y lo hicieron con una comprensión propia de su condición: la literatura rabínica entendió el exilio (galut) como una dimensión espiritual de la existencia judía, no como un problema geográfico que hubiera que resolver mediante la fuerza militar o la ocupación (Rabinovich, 2026).
La idea de que la identidad judía necesitaba un Estado propio llegó de otro lugar. Silvana Rabinovich, académica de la UNAM, judía y antisionista, sostiene que el Estado-nación es un concepto político, que como vimos, nace en Europa, y es ajeno a la forma de vida judía. Al trasladarse a Palestina se convirtió en la estructura que desató un conflicto que no existía. Hasta fines del siglo XIX, en ese territorio convivían poblaciones musulmanas, cristianas y judías, integradas culturalmente y con el árabe como lengua común de uso cotidiano para buena parte de ellas. La irrupción del sionismo político alteró ese equilibrio.
Ahora bien, ¿qué dicen realmente las fuentes tradicionales del judaísmo sobre lo que sucede actualmente en Gaza? ¿Existe algún tipo de respaldo en sus textos centrales, como el Talmud? La respuesta categórica es no. El Estado de Israel no se fundó sobre las enseñanzas éticas del judaísmo, sino sobre una interpretación literal y geopolítica de la Biblia, utilizándose como un mapa territorial y no como un texto espiritual y poético. La literatura rabínica, desarrollada a lo largo de los siglos, sostiene valores de preservación de la vida y justicia que resultan incompatibles con la situación actual (Rabinovich, 2026).
El punto de partida es una idea simple: la vida humana es sagrada. La tradición la llama Kedushat ha-jayim y la funda en que cada persona fue creada «a imagen y semejanza de Dios» (Tzelem Elohim), de modo que su valor no depende de la nación, la fe o el bando al que pertenezca, y por eso tiene derecho a ser protegida. De esa premisa se desprende una exigencia de justicia (tzedek): ya en el Génesis, Abraham reclama a Dios que no destruya al justo junto con el culpable, y la tradición hereda ese principio de que nadie debe pagar por pecados ajenos. Por otro lado se condena actuar movido por la venganza (Yoma 23a). Pero sobre todo hay un deber más amplio en las enseñanzas rabínicas, el de tikkun olam, reparar un mundo quebrado en lugar de quebrarlo más. Una frase del Talmud (Sanedrín 37a) lo resume mejor que cualquier explicación: “quien destruye una sola vida es como si hubiera destruido a todo el mundo, y quien salva una sola vida es como si hubiera salvado a todo el mundo”. Frente a ese horizonte moral, lo que hoy ocurre en Gaza no es una expresión del judaísmo, sino una negación de sus principios.
Hoy en día, el aparato sionista ha logrado fundir los dos conceptos hasta el punto de que se confundan, porque esa confusión le resulta útil: si criticar al Estado equivale a atacar a los judíos, toda crítica queda bajo sospecha de antisemitismo. Pero, como hemos visto, confundirlos no es solo un error: es un secuestro. Por eso, hay que arrancarle a Israel la voz de nuestra conciencia y la voz de la identidad judia, terminar con la ocupación sionista del judaísmo y enterrar el consenso sionista de la comunidad judía.
Referencias:
Harari, Y. N. (2024). Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Debate.
Canal Abierto. (2026, 14 de julio). Silvana Rabinovich: “Ese sionismo abiertamente criminal invita al retorno del antisemitismo” [Vídeo]. YouTube. https://youtu.be/8JQ2QcUvu9w
Loewenthal, T. (s. f.). The sanctity of human life. Chabad.org. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/291946/jewish/The-Sanctity-of-Human-Life.htm
Jewish American Heritage Month. (2025). Jewish peoplehood lesson. https://jewishamericanheritage.org/wp-content/uploads/2025/04/Jewish-Peoplehood-Lesson.pdf
Ireland, C. (2009, 9 de abril). The pogrom that transformed 20th century Jewry. Harvard Gazette. https://news.harvard.edu/gazette/story/2009/04/the-pogrom-that-transformed-20th-century-jewry/
Bialik, J. N. (2023). En la ciudad de la matanza (R. Mactas de Polak, Trad.). Jaim Najman Bialik: El poeta nacional del Pueblo Judío. https://www.bialikencastellano.com/obra/en-la-ciudad-de-la-matanza/