En registro de lo efímero: pausa, tiempo y oxidación en la obra de Lorenzo A. Eibenschutz

Emilio Sheleeyx 

El tiempo permanece en crisis; entre la hipervelocidad productiva, el consumo desbordado, los programas políticos líquidos y las estéticas efímeras, este solo adquiere valor dentro de una concepción capitalizable. La plusvalía, tanto del obrero de una fábrica como la del artista, no es más que la generación explotable de tiempo trabajado para la rentabilidad de la mercancía.

El tiempo que se desplaza hacia el olvido y lo transitorio recae en la vida concreta y cotidiana de la realidad social. Por ende, resulta valiosísimo aquello que hoy en día no busca una perpetuidad simple, sino el reconocimiento de lo elaborado, lo lento y lo pensado por encima de la fugaz eficacia de baja calidad.

El artista Lorenzo Aguirre Eibenschutz —nacido en Ámsterdam en 2004, pero radicado casi toda su vida en México y estudiante de la ENPEG— nos habló acerca de esta necesidad de plasmar el tiempo mediante símbolos e imágenes. Para ello, emplea la técnica que el astrónomo inglés John W. Herschel descubrió en 1842 mientras experimentaba con sales de hierro fotosensibles para el revelado fotográfico: la cianotipia.

Mediante una exposición y venta de trato directo organizada por la Galería Tianguis Neza en La Lagunilla, Lorenzo A. Eibenschutz propone —a través de las piezas que conforman su serie Proyecciones en el fin del yute y de camisetas impresas con químicos, tiempo y luz solar— un manifiesto sobre la descomposición de espacios y temporalidades, así como la construcción de procesos productivos en el arte.

En entrevista, el artista nos cuenta acerca de los yutes:

«Es una forma de pensar el yute también como un viaje que ha tenido el material para llegar a mi mente; para llegar a que yo lo compre. Es decir, cómo se produjo primero en Indonesia, luego fue comprado por una empresa estadounidense que se dedica a llenar costales de café de Chiapas, y finalmente llega al Centro porque dejó de ser usado, que es ahí cuando lo compro. Entonces tiene todo un viaje, y la cianotipia contrasta ese mismo recorrido de tiempo, de luz y de espacio. Es como una mezcla entre algo muy material y muy virtual».

Resulta interesante analizar aquellos momentos en los que el capital subyace en el fenómeno de la globalización como un ente inherente a la División Internacional del Trabajo (DIT), concepto utilizado por disciplinas como la sociología y la economía para explicar la producción de bienes y las desigualdades entre el centro y la periferia. El arte no escapa de ser cosificado como un bien al que se le otorga un valor de intercambio y de producción industrial.

En esta muestra, la cianotipia parece reivindicar el proceso y contraponerse a dicha inercia con un solo elemento: la captura de los segundos, minutos u horas en los que la técnica análoga acciona sobre el soporte y los símbolos que se impregnan en él. La luz en la cianotipia juega un papel fundamental en lo abstracto y conceptual de la obra de Lorenzo, pues para él:

«La cianotipia siempre habla de tiempo y habla de registro. Habla de fotografía, pero en un sentido químico del velado fotográfico, de la reacción, de la exposición en un sentido de tomarse el tiempo. Y parte de mi trabajo, el de cianotipia más abstracta, trata de capturar la luz como un símbolo, como un periodo o un espacio de tiempo que se va grabando poco a poco sobre el material, contrastándolo con la misma vida de este…».

A nivel del proceso creativo, podríamos vincular cualquier disciplina artística con lo que el cineasta Andréi Tarkovski denominó esculpir en el tiempo. Aunque el director ruso ponía el énfasis en el cine, podemos traducir esta idea a la creación en general como una escultura temporal. En toda obra —ya sea performática, cinematográfica, plástica o literaria—, el tiempo siempre habitará de forma activa.

Lorenzo Aguirre Eibenschutz sorprende no solo por la evidente calidad estética de sus piezas; lo verdaderamente valioso en su obra y pensamiento es su capacidad para plasmar la contingencia en la que reside nuestra generación, plagada de objetos perecederos e instantáneos. De ahí que su cianotipia afronte esta realidad imprimiendo la cotidianidad de las calles, el metro y las redes sociales: un registro donde el color Azul Prusia se intensifica a medida que se oxidan los fotosensibles a través de, precisamente, el tiempo.