Pensamientos nacientes a partir de Collections – Collezioni
Por Valeria Matos
Pieza de pieza
Cuando se necesita una pieza,
conseguir una persona en vez de una pieza,
vivir en ella.
Cuando se necesita otra pieza,
conseguir otra persona en vez de otra pieza,
vivir en ellas.
Yoko Ono, Pomelo, primavera del 62.
Una pieza vive porque su vibración se acompasa en quien respira en ella.
Rozana Montiel publicó recientemente su libro Collections – Collezioni, el cualespero quepronto sea traducido al español.
Montiel, arquitecta e investigadora mexicana, se interesa en los espacios habitacionales, los usos urbanos del espacio público y la resignificación de materiales de construcción, con un objetivo particular: colocar a la colectividad en un lugar primordial, como se advierte en la página de internet dedicada a REA, Rozana Montiel Estudio de Arquitectura.
Collections-Collezioni entrecruza la imagen, la palabra y el juego de los lenguajes para reunir una serie de lecciones a partir de una arquitectura viva, donde la lectura no dicta ser lineal, sino multipotencial gracias a las distintas relaciones que quien lo lea pueda lograr.
A Rozana le agradezco, pues más que darnos mapas, planos, coordenadas y un astrolabio para subir la mirada, nos propone:
Collections, co-lecciones, un libro- puerta hacia una constelación del pensamiento, de la emoción, del cuerpo en su totalidad y de manera colectiva. Rozana Montiel invita a que la psique se experimente como un espacio más de intervención, en donde se activen posibilidades relacionales a partir de ideas, palabras, saberes, conocimientos, también de los árboles, el agua, el puente, el círculo, el portal, la luz, la sombra.
La propuesta compartida por Montiel puede guiarnos a una filosofía de la arquitectura que va más allá de cualquier trazo y su levantamiento en concreto: la arquitectura es otra manera de escribir, una no convencional, con signos visibles que significan la experiencia. Collections puede ser un diccionario fragmentario, móvil, armable y en mutación. En su entramado se compone como un ente vivo. El lenguaje deja de ser verbal para convertirse en un cosmos expandible, circular, en constante cambio.
El libro devela y prueba, no sólo el enfrentamiento al vacío, sino su contención con la estructura circular. Collections nos invita a soportar el vacío, pero además nos ayuda a respetar su existencia ofrendándole bordes para ser contemplado. Aparece el vacío circular como potencia creadora y como creación en sí; deja de constituirse en falta, siendo entonces ese lugar social, listo para ser abrazado. Semejante acto es político.
Gracias a Colecciones, sé que Montiel intervino espacios no sólo terrenales; también mi espacio psíquico. Cada página no es tal, sino un plano multiforme, tridimensional, a partir del cual se pueden lograr armados múltiples, y por ende experiencias múltiples. Lo anterior implica una colectividad con agencia.
Esta escritura disidente la sitúo en la arquitectura del pensamiento desplegada entre maleza, troncos, dientes de león y raíces imposibles de desenterrar. Collections, en términos bionianos, podría ser un continente que transforma aquello que contiene. Montiel, en su quehacer, parece reunir esta línea de pensamiento: sus construcciones nunca contienen solamente cuerpos, contienen relaciones; no producen objetos, producen condiciones para las posibilidades.
Esta forma de escritura no tradicional no impone un significado, más bien invita a construirlo grupalmente.
Nos alejamos de cierta tradición de arquitectura heroica y monumental, que domina, violenta el medio ambiente, para cimentar otra lógica: la del cuidado, la de la reunión.
Me ronda un pensamiento más: ¿qué relación existe entre la arquitectura de Montiel y el erotismo? Me importa cuestionar la concepción erótica patriarcal que se reduce a los cuerpos humanos y a la atracción entendida como una dinámica de sumisión atravesada por relaciones de poder ⎯una enseñanza cultural hegemónica⎯. Es fundamental pensar otros erotismos: formas de relación que propicien la creación y nos permitan percibirnos, imaginarnos, sentirnos sin perseguir la desaparición de la otredad, siguiendo la voz reflexiva de Luce Irigaray. Quizás el vínculo del trabajo de Rozana Montiel apunte hacia lo que podríamos llamar un erotismo espacial. Es decir, un desplazamiento de lo erótico hacia una atracción con el entorno. El trabajo de su arquitecta, desde mi punto de vista, podría tener un paralelismo con la erotización que germina en la no dominación del ambiente, o sea, seducir sin violentar.
Somos arterias enraizadas en el jardín, el techo, el contexto… Somos un conjunto con la roca. De la tierra árida brotaremos tallo… Ojalá del tallo devengamos flores parlantes luego de aprender a pensar la emoción en comunión, en co-lección, desde donde la subjetividad se renueva. Un edificio casi invisible nos protege. Rozana, tienes razón: es la materialidad, del latín mater. Madre.