Por Arturo J. Flores
En 1995 me rompieron el corazón. La canción que escuché incesantemente en un casete, al que puse cinta adhesiva en las esquinas para poder grabar encima de lo que tenía de fábrica, llevaba por título In the Middle of a Heartbeat. Una power ballad de una banda alemana de power metal. Tanto poder en la escena y yo, en aquellos días, sin poder olvidarla.
Era el décimo track del sexto álbum de Helloween, lanzado un año antes. El primero desde que expulsaron a Michael Kiske y Andi Deris tomó el puesto de cantante. También, el que los originarios de Hamburgo grabaron desde que su baterista, Ingo Schwichtenberg, se quitó la vida. Uno que, además, recuperaba el sonido afilado de sus primeras grabaciones.
Pero antes de obsesionarme con esa canción, que iniciaba con Deris cuestionando a una mujer: «Dime, chica hermosa, ¿sabes quién soy? ¿Alguna vez me has visto como tu amigo?», mi pasión por Helloween se concentraba en otro casete. Un pirata que compré en Pericoapa. La fotocopia de su portada exhibía el título The Best, The Rest, The Rare.
Fue lanzado en 1991. Incluye muchas de las composiciones que hasta la fecha se escuchan en los conciertos. Desde la hiperhypeada I Want Out, hasta la cuasisinfonía de más de 13 minutos Keeper of the Seven Keys.
Neruda nunca escuchó a Helloween. Pero sí escribió que era tan corto el amor y tan largo el olvido. El tiempo parece interminable cuando sabes que la persona que amas retoza en otros brazos.
Aquel verano del 95, alguien de la generación rentó una casa en Cuernavaca. Durante la segunda borrachera, a quien le decía para mis adentros que era mi Secret Alibi —como la octava canción de Master of the Rings—, escuchamos a Helloween juntos al calor de una fogata. Con las mejillas enrojecidas por el tequila, me confesó sin pudor que aquella copia de la copia de la cinta que le grabé le gustaba, «pero solo por las voces, porque en realidad la música no estaba tan chida».

Fue el primer upper que me conectó en el alma. Yo pensaba que le gustaba tanto Helloween como a mí. Pero lo peor vino más tarde. Cuando volví a confesarle mi atracción y, por respuesta, recibí el parafraseo involuntario de In the Middle of a Heartbeat: «¿Alguna vez me verás como tu amiga? Porque yo no consigo mirarte de otra forma».
La noche terminó al mismo tiempo que se consumían las últimas llamas. Yo escuchaba en repetición aquella canción. Al final de cada reproducción, sacaba el casete del walkman para rebobinar la cinta con ayuda de una pluma. Poco a poco fueron cayendo fulminados por la borrachera los asistentes a la fiesta. A ella la miré acurrucarse en los brazos de un compañero para eludir el frío.
Tantas cosas cambiaron después de tantos años. A Helloween volvieron los integrantes que fueron despidiéndose en el camino. Hoy, Deris comparte las voces con Michael Kiske, y Kai Hansen forma un triunvirato guitarrero con Michael Weikath y Sascha Gerstner.
El grupo celebra 40 años de existencia. Lo hará con un concierto en la Arena Ciudad de México el 29 de agosto. Si el setlist es el mismo que el 15 de este mes, tocará 19 canciones. La número 13 será In the Middle of a Heartbeat.
No he vuelto a saber de ella —la persona a la que se la dediqué cuando éramos adolescentes— durante muchos años. Tampoco duele. Hoy podría escucharla a su lado sin ningún problema.
Todo cambia. Hoy puedo escucharla en loop en una plataforma de streaming sin hacer esfuerzo alguno. Hasta comprar mi boleto en este link.