Los Tetas: Llegué por la portada, regreso por la música

Por Arturo J. Flores

Me compré el disco de Los Tetas por la portada. Tampoco es una ilustración que llame tanto la atención. Pero en 1995 yo me había enamorado sin remedio de una grafitera, así que intentaba hacer mis pininos en los tags. Así que me gustaron las infladas con que se había escrito el nombre del grupo junto al título sugerente que acompañaba el dibujo de una mujer: Mama Funk.

Ni el grupo ni el disco hubieran sobrevivido al juicio de la actualidad. Hubieran sido cancelados al minuto siguiente de su estreno. Por fortuna, las redes están lo suficientemente ocupadas crucificando a otros personajes como para ocuparse de boicotear el regreso de Los Tetas a México. Sí, este viernes 31 de julio en el Fuck Off Room.

Pero decía yo que lo adquirí sólo por la portada. Igual me sucedió con el Bloody Kisses de Type O’ Negative y no me fue mal. Me gustaba jugar esa especie de ruleta rusa. Ahorraba varios domingos, me lanzaba al supermercado —porque en tiempos inmemoriales tenían un departamento de música, junto a las verduras y la salchichonería— y me hacía de un disco nuevo. A veces conocía alguna canción, pero la mayoría de las veces el amor me entraba sólo por los ojos.

Pero a ver, el grupo se llamaba Los Tetas y el disco Mama Funk. Nada podía salir mal.

Me volaron la cabeza «Generación perdida», «Corazón de sandía» y «La risa del diablo». Debo haberlas hecho sonar tantas veces y tan fuerte que mi mamá debió odiarlas con todo su corazón. Luego me enteré de que los músicos eran chilenos. Sí, como Alfredo Levin, el conductor de Headbanger’s Ball para MTV Latinoamérica. En los días en que el canal transmitía música.

Formaron parte de mi banda sonora personal durante mucho tiempo. Igual que Tiro de Gracia, con quienes colaboraron de cerca. Eventualmente les perdí la pista. Pero sé que se desintegraron y volvieron a las andadas en varias ocasiones. Incluso los vi en vivo una vez. Fue en el tercer hogar de Rockotitlán, en Canal de Miramontes 2640. Por internet me entero de que ese concierto tuvo lugar el 29 de noviembre de 2002. A la generosidad de Tony Méndez (q. e. p. d.) le debo el vacío de mi memoria. Además de dejarnos entrar a cubrir, el dueño solía pitchar las cervezas a la prensa.

Mientras escribo estas líneas con música ad hoc, desde la recámara me preguntan:

—¿Qué estás escuchando?

—A Los Tetas —respondo.

—Ah, ok, pensé que eran tus Illya Kuryaki.

No encuentro fallas en la confusión. Definitivamente, a mediados de los 90 existía un sonido particular. Funkito, rap, guitarras y una cadencia sensual que altarba la paz del termómetro. 

Foto: @sesion_ph

Este viernes me daré una vuelta por el Fuck Off Room. En 1995, me  compré el disco de Los Tetas por la portada. Pero me quedé para siempre por la música.