Puppet of the Masters: La noche en que el thrash fue trash

Por Arturo J. Flores

Transcurrido un mes del golpe de Estado contra el presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, Metallica subió al escenario del Aeródromo de Túshino, en Moscú, como parte del festival Monsters of Rock. Era el 28 de septiembre de 1991.

Tres meses después se disolvió la Unión Soviética. El concierto, en el que participaron AC/DC (como cabezas de cartel), Pantera y los Black Crowes, fue registrado por las cámaras de MTV —en los tiempos en los que el canal aún se trataba de música—, transformándolo después en un efectivo producto de propaganda estadounidense a través de la cultura pop mediante el documental For Those About to Rock: Monsters in Moscow (1992).

Lo que los jóvenes occidentales vieron en las pantallas fue a los soldados del temible Ejército Rojo —porque a los rusos tradicionalmente se les ha pintado en las películas como villanos— arrancándose las casacas para saltar eufóricos y cantar las canciones de Metallica. Aunque la asistencia estimada al concierto fue de medio millón de personas, se ha alimentado el rumor de que pudieron ser más de un millón y medio. Yo me pregunto: ¿hubiera alcanzado el PA para que toda esa masa de gente pudiera escuchar?

Recuerdo un festival en el Foro Sol con Rob Zombie en el que la ausencia de bocinas repetidoras hacía imposible escuchar nada desde el infame General B.

James Hetfield recuerda aquella apoteósica presentación en el corazón del comunismo como la cúspide de su carrera.

“Tendría que decir que fue el concierto en Rusia, cuando fuimos en el 91 tras el golpe de Estado; el país se había abierto y ya no era comunista”, dijo en The Fierce Life Podcast.

Sí, el mismo Hetfield que esta semana se viralizó porque subió al escenario de The Sphere, en Las Vegas, a criticar a los artistas que pronuncian discursos políticos durante sus conciertos.

«Solo tengo que decir que Metallica no está aquí, como algunos otros… artistas, para influenciarlos con sus estupideces, ¿de acuerdo? Estamos aquí para olvidarnos de todas las porquerías de afuera, ¿de acuerdo? ¡La agenda de Metallica es el amor, la energía y la música heavy, nene!», dijo.

No es extraño que lo haga. Hace mucho que a James el derechismo se le salió por las costuras. No sólo cuando presume su gusto por la cacería, sino también por el hecho de ser un californiano criado en un hogar de la Ciencia Cristiana. Al padre de Hetfield le pareció buena idea dejar morir a su esposa porque estaba seguro de que Dios haría el trabajo de sanación que las medicinas y la verdadera ciencia no podrían llevar a cabo.

Es muy triste que la palabra “infanticidio” sólo salga de su boca como parte de la canción Harvester of Sorrow y no para evidenciar el genocidio israelí en Palestina.

En cambio, Dave Mustaine se ha involucrado mucho más en política a través de United Abominations y Holy Wars… The Punishment Due. En la primera acusa a la Organización de las Naciones Unidas de ineficacia y corrupción. En la segunda evidencia cómo la religión divide a la humanidad; esto a pesar de que en la actualidad él mismo es un devoto cristiano que se valió de sus influencias para sacar a Rotting Christ del cartel de un festival, o que dejó de tocar el cover de los Sex Pistols, Anarchy in the U.K., porque le parece imprudente cantar el verso: “I am an antichrist”.

A Hetfield se le olvida que todo comunica.

No es un secreto que los mexicanos (y Latinoamérica en general) somos su principal mercado. Spotify dice que las ciudades del mundo donde más se escucha su música son la Ciudad de México, São Paulo y Santiago. México, Brasil y Chile. Si como artista no te parece pertinente criticar al presidente de tu país por las políticas discriminatorias, racistas y sanguinarias que impone a tu supuesta “Familia” (tengo una camiseta de Metallica que adquirí en sus recientes conciertos y eso dice: “Soy Familia”), entonces es que no te importamos.

Un papanatas como Trump que colocó como secretario de salud al antivacunas de Robert F. Kennedy Jr y que ha impulsado serios recortes a la ciencia. Ajá, con esa misma visión medieval que le costó la vida a la madre de James.

Son momentos como los de la Esfera los que le dan la razón a quienes —por ignorancia— escriben que Metallica es una banda de trash metal en vez de thrash metal.

Basura en vez de latigazos.

Odio reconocer que hace tiempo que el Master of Puppets se transformó en el Puppet of the Masters.