Por Ismael Frausto
Sergio Arau contempla ensimismado el enorme logotipo de neón naranja empotrado al costado del escenario.
Es el mismo logo que diseñó a mano sobre una servilleta hace 41 años cuando él y sus compañeros de Botellita de Jerez, Francisco Barrios El Mastuerzo y Armando Vega Gil El Cucurrucú (qepd) concibieron la idea de tener un lugar dónde tocar rock, del “Lugar del Rock”, de Rockotitlán.
Perfectamente asimilado del náhuatl, usando el sufijo “tlán” —“lugar de” o “donde abunda”— y el anglicismo Rock, la genialidad de los botellos dio a luz desde el sincretismo a Rockotitlán y el talento gráfico de Arau al archiconocido logotipo garabateado que su hermano y socio del proyecto, Fernando, validó con un “así está perfecto. No le muevas más.”
Entre los Hoyos Fonky y el Festival de Avándaro
Era 1985 y antes de Rockotitlán no había nada… o casi nada. El rock había sido marginado a espacios marginales —discúlpese la redundancia, es intencional—, los célebres “hoyos fonky”, como bautizó Parménides García Saldaña a esos espacios clandestinos o subterráneos a donde fue aventado el rock nacional luego del mítico Festival de Avándaro.
En efecto, en pleno 1985 no había en México un lugar digno dónde tocar rock, salvo los hoyos fonky, fiestas particulares y uno que otro bar que eventualmente se animaba. Así surgió Rockotitlán, “el Lugar del Rock”, pero del rock nacional, donde se tocaban canciones originales en español con bandas nuevas que hoy son leyendas, como Caifanes, El Tri, Kenny y los Eléctricos, Ritmo Peligroso o posteriormente, Café Tacvba, Santa Sabina, La Castañeda, Molotov, Víctimas del Doctor Cerebro o La Cuca, con todo lo que ello implicó para la explosión comercial de lo que en ese tiempo se llamó “Rock en tu Idioma”.
“Es una mezcla de sentimientos”, confiesa Arau interrumpido de su ensimismamiento con la pregunta “¿qué sientes cuando ves este logo?”
— Se agolpan los recuerdos. Son muchos años, muchas bandas, muchos amigos, muchos sucesos… mucho rock and roll— musita con una sonrisa el legendario Uyuyuy.
Es la inauguración del nuevo Rockotitlán —ahora en Satélite (Circuito Novelistas 4), casi enfrente de Plaza—, una resurrección urgente pues, curiosamente, casi como en 1985 hay pocos lugares de rock en la Ciudad de México, más allá de los bares que pululan donde se tocan covers de rock, bandas tributo y las imprescindibles La Planta, La Célula que Explota, Transfusión o Música Ligera, que son coreadas a todo pulmón desafinado por una audiencia con tarros de cerveza en alto.

Fieles a su esencia
Que no quede duda, en esta nueva etapa Rockotitlán se mantendrá fiel a la esencia con que nació en 1985 pero insertado en el contexto que vivimos actualmente, expresa Manuel Manny Murillo, percusionista de Ritmo Peligroso y uno de los dueños de la nueva encarnación de este mítico nombre.
“Vamos a presentar bandas viejas, clásicas. Por eso en la inauguración estuvieron Kerigma, Ritmo (Peligroso) y Kenny (y los Eléctricos), pero también abriremos el espacio para nuevas propuestas asegurándonos de darles un trato digno, que es a lo que aspiramos todos los músicos”, comenta Manny.
El percusionista y empresario se refiere al tristemente célebre “te pago con chelas” o “tocas gratis pero te sirve de promoción” que ha imperado en la escena del rock nacional durante décadas en tugurios de mala muerte donde se arrincona a la banda entre cajas de cerveza, mesas, sillas, cables mal conectados, pésimos sistemas de audio e iluminación y que al final resulta en una experiencia desagradable hasta para el más punk de los artistas o del público.
“¿Qué es lo que quieres como músico?”, pregunta. “Pues un escenario digno, amplio, limpio, con excelente sonido e iluminación y facilidades de producción. Eso van a tener las bandas”, expresa Murillo.
Sin embargo; también habrá espacio para música en inglés y todo tipo de géneros musicales que coincidan con el concepto de Rockotitlán, añade.

Parece Rucotitlán
Una alfombra roja puede ser disruptiva en la concepción generalizada del rock, pero es perfecta para recibir a la élite del rock nacional.
A la inauguración de Rockotitlán llegaron las mujeres y hombres que han luchado por el rock nacional, lo que sea que esto signifique. Ahí estaban Rubén Albarrán, Luis Álvarez y Paco Yescas de El Haragán, el propio Arau y El Mastuerzo de Botellita de Jerez, Piro Pendas, Avi Michel, Mosy, Jorge Gato Arce y Manny de Ritmo Peligroso, Salvador Moreno de La Castañeda, entre muchos otros y Kerigma, la banda elegida para abrir el escenario del nuevo Rockotitlán.
“Parece Rucotitlán, puro cabecita blanca”, bromeó Rubén Albarrán al dirigir unas palabras a la audiencia luego del corte de listón e inauguración oficial a cargo de Sergio Arau “a nombre de Botellita de Jerez, que inventamos Rockotitlán” con Luis Alvarez y Salvador Moreno como testigos de honor.
Y sí, la broma de Albarrán podría ser la descripción de los viejos rockeros que “nunca mueren” (Miguel Ríos dixit), pero fiel a la esencia del rock, Rockotitlán apostará por los nuevos rockeros que, junto con las cabecitas blancas del rock nacional harán que, en efecto, el rock nunca muera.