La Neza no murió: sólo estaba afinando

Tras cinco meses de trabajos y una inversión de 153 millones de pesos, la Sala Nezahualcóyotl está lista para volver a recibir música, músicos y público. La rehabilitación busca poner al día un recinto con casi 50 años de historia sin alterar aquello que lo hizo único: su sonido.

Por Luis Zepeda

Hay lugares que se convierten en parte de la memoria de una ciudad. La Sala Nezahualcóyotl es uno de ellos.

Para generaciones de músicos, estudiantes, melómanos y público que ha cruzado las puertas del Centro Cultural Universitario, la “Neza” no es solamente un edificio: es un lugar donde la música sucede.

Después de cinco meses de trabajos intensivos, la Sala Nezahualcóyotl volverá a abrir sus puertas este sábado, luego de una primera etapa de rehabilitación que implicó una inversión de 153 millones de pesos.

La cifra no es menor. Tampoco lo es el reto: intervenir un recinto con casi medio siglo de existencia sin convertirlo en otra cosa.

Durante la conferencia de prensa realizada este miércoles en la propia sala, Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, lo resumió así:

“Hemos conseguido el sueño de rehabilitar nuestra maravillosa Sala Nezahualcóyotl”.

Pero la historia detrás de la reapertura comenzó mucho antes de cerrar las puertas.

Cinco meses de trabajo. Dos años de planeación.

El proyecto comenzó a desarrollarse desde finales de 2024 y fue planteado como un trabajo conjunto entre distintas áreas de la Universidad.

La Dirección General de Obras y Conservación, la Dirección General de Música, Difusión Cultural, la Tesorería y el área de Patrimonio Universitario participaron en la planeación y ejecución.

De acuerdo con Guadalupe Mateos Ortiz, tesorera de la UNAM, el proyecto recibió en 2025 un presupuesto de 153 millones de pesos para llevar adelante la rehabilitación.

La inversión no se concentró únicamente en lo que el público verá cuando vuelva a ocupar una butaca.

De hecho, buena parte de la intervención ocurrió detrás de las paredes.

Y eso es importante porque en una sala de conciertos lo que no se ve puede ser tan importante como lo que está frente al escenario.

La música necesita espacio

La Sala Nezahualcóyotl tiene aproximadamente 4,560 metros cuadrados, pero la intervención de esta etapa se concentró en alrededor de 1,250 metros cuadrados.

Uno de los proyectos más importantes fue la creación de una nueva sala de ensayos de 125 metros cuadrados en el sótano.

No es un dato menor.

El edificio fue diseñado originalmente para una orquesta. Hoy operan tres orquestas en sus instalaciones.

Más músicos significan más ensayos, más movimiento y mayores necesidades de infraestructura.

Por eso la nueva sala fue diseñada con condiciones acústicas que buscan acercarse a las de la sala principal.

Se realizaron pruebas de reverberación, absorción sonora y acondicionamiento acústico para que los músicos tengan otro espacio de trabajo sin cargar toda la operación sobre el escenario principal.

Afinar lo que no se ve

Fernando Tepichin Jasso, director de Proyectos de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM, explicó que una de las prioridades fue intervenir las áreas que acompañan a la sala sin alterar su esencia.

Los camerinos recibieron tratamiento acústico y se trabajó en los pasillos perimetrales para crear una especie de barrera sonora que reduzca la contaminación acústica hacia el escenario.

También se renovaron integralmente los sanitarios y distintas instalaciones hidrosanitarias, eléctricas, de ventilación y telecomunicaciones.

La iluminación escénica también fue modernizada.

Se actualizó la infraestructura eléctrica necesaria para los nuevos sistemas y se incorporaron herramientas de telecomunicaciones para controlar la iluminación especializada.

Además, fueron restaurados elementos de carpintería y los difusores acústicos que forman parte del particular paisaje de la sala.

Y sí: también hubo que ocuparse de cosas menos glamorosas, como sanitarios, cafeterías, instalaciones y sistemas que después de décadas de uso necesitaban una actualización.

Porque una sala puede tener una gran orquesta, pero si el edificio no funciona, tarde o temprano el concierto termina desafinando.

No tocar el sonido

Quizá el mayor desafío fue intervenir la sala sin meterse con aquello que la hizo famosa: su acústica.

Rosa Beltrán destacó que el proyecto buscó respetar las características originales del recinto y poner especial atención en su comportamiento sonoro.

“La sala es de las de los espacios mejor conservados y con una acústica que es importante conservar”, explicó Tepichin durante la presentación del proyecto.

La decisión parece lógica, pero técnicamente no es sencilla.

Cada material, cada superficie y cada elemento dentro de una sala puede modificar la manera en que viaja el sonido.

Por eso la rehabilitación no consistió simplemente en cambiar instalaciones viejas por nuevas.

Había que actualizar el edificio sin alterar la experiencia musical.

400 mil personas al año

La Neza no es un espacio reservado para unos cuantos melómanos.

El recinto recibe más de 400 mil visitantes al año en sus diferentes actividades.

Eso significa que la infraestructura soporta un uso intenso y constante: músicos entrando y saliendo, público, trabajadores, conciertos, ensayos, montajes y desmontajes.

Casi cinco décadas después de su construcción, el desgaste era inevitable.

La rehabilitación busca responder precisamente a esa realidad.

Y mientras una parte de la infraestructura ya está lista, otra todavía tiene trabajo pendiente.

La Neza todavía no termina

La reapertura de este sábado no representa el final del proyecto.

La UNAM continuará con nuevas etapas de rehabilitación, entre ellas la correspondiente al edificio de orquestas, un inmueble de aproximadamente 1,435 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles.

Ahí se trabaja en la reorganización y conservación de los acervos de partituras, además de la renovación de vestidores y camerinos.

El proyecto contempla también espacios con acondicionamiento acústico para funcionar como pequeñas salas de ensayo y la instalación de un nuevo elevador.

Esta etapa continuará hasta 2027.

Es decir, la Neza vuelve a sonar, pero la obra todavía no baja el telón.

Y ahora sí: que empiece el concierto

Este sábado, después de meses de silencio, polvo, planos, cables, madera, pruebas acústicas y trabajo detrás del escenario, la Sala Nezahualcóyotl volverá a hacer aquello para lo que fue construida.

Sonar.

La reapertura será acompañada por un concierto del violonchelista Misha Maisky, reconocido intérprete internacional y alumno de Mstislav Rostropóvich.

La presencia de Maisky será el primer acorde de una nueva etapa. Porque la rehabilitación de la Neza no sólo tiene que ver con conservar un edificio. Tiene que ver con conservar un espacio para que nuevas generaciones puedan descubrir la música.

Para que un estudiante pueda escuchar por primera vez una orquesta en vivo. Para que un músico pueda ensayar. Para que una fotografía vuelva a congelar el instante exacto en que el arco toca las cuerdas. Para que alguien llegue sin saber muy bien qué va a escuchar y salga con una canción, un movimiento o una nota metida en la cabeza.

La Neza no murió. Sólo estaba afinando. Y este sábado, después de cinco meses con las puertas cerradas, vuelve a subir el volumen.