Por Arturo J. Flores
Odio la cerveza artesanal. Por eso es casi lo único que bebo. No tengo un recuerdo exacto del momento —porque evidentemente hubo cerveza en abundancia—, pero fue hace casi 20 años que alguien me puso una Tempus Doble Malta en la mano. Una Altbier acaramelada de Cervecería Primus, fundada en 2006 por los primos Jaime y Rodolfo Andreu.
Nunca antes había saboreado tan de cerca el lúpulo y ese mismo día todo se fue al diablo.
Bien lo dijo Bukowski: “No sé cuántas botellas de cerveza consumí mientras esperaba que las cosas mejoraran”.
Pues no. Todo fue de mal en peor.
Tampoco retuve en la memoria quién fue, pero me lo dijo:
—La chela artesanal te jode la vida. Después ya no quieres tomar otra cosa.

MXPDX: Fiesta de la (auténtica) cerveza
El sábado 25 y el domingo 26 de abril, el Jardín Juárez celebrará un auténtico aquelarre para quienes somos entusiastas del universo de la cerveza artesanal. Más de 30 cervecerías nacionales —además de otras venidas del estado de Oregon, en Estados Unidos— presentarán sus mejores barriles a las gargantas que se den cita a MXPDX: Fiesta de la Cerveza.
Entre las 11 de la mañana (no olvidemos que en varias partes del mundo ya es más tarde) y las 7 de la noche, quienes paguen el arancel de 150 pesos podrán desplazarse por los rincones del Jardín Juárez (Av. Chapultepec 61) para degustar las maravillas líquidas que cervecerías como Hércules, Santa Sabina, Monstruo de Agua o Principia dejarán que fluyan como las lágrimas del policía, en el título de la novela de Philip K. Dick. IPA’s, Stout’s, Red’s… sólo joyas.
Odio la cerveza artesanal. Hace años que no consigo disfrutar de una de esas aguas industriales carbonatadas, sin aroma, desprovistas de personalidad y carentes de alma.
Mi ortodoxia me ha llevado a abjurar de esos brebajes aberrantes adornados con gomitas, camarones y hasta piezas de pollo.
Además, predico con la vocación de un testigo de Jehová, que la cerveza se toma en vaso (con la compra del boleto de MXPDX te darán uno conmemorativo, además de una cheve), que se sirve dos dedos de espuma y fría, mas nunca helada.
Me respinga la gente que divide a las cervezas en claras y oscuras en vez de Ales y Lagers. Y no digamos a los que piden una cerveza “ligera”, pasando por algo que, estrictamente y desde el terreno de la física, todas pesan lo mismo.
Me odio por ser así.
Sólo hay algo que odio más.
Odio la cerveza artesanal… porque ya no bebo otra cosa y ya quiero que sea sábado y domingo de MXPDX.