conversación con Anaclara Muro

Por María Pichardo 

¿Cuántas mujeres no hemos salido del consultorio sin un diagnóstico claro, pero con una herida abierta?

No siempre sabemos nombrar lo que duele cuando el malestar no es sólo físico. A veces el significado del dolor se hereda; la incomodidad se instala como una sombra en el cuerpo y se normaliza a través de la culpa y la vergüenza.

Ana Clara, autora de Electrocauterización: algo como una llaga, obra ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2025, recuerda haber salido de una consulta ginecológica con una molestia que no lograba comprender del todo:

“No entendía bien qué me pasaba… era como un enojo que no tenía dirección. Me enojaba con la medicina, los procedimientos, mis propios actos.”

Ese enojo —dice— se volvió escritura.

El libro articula poesía, narración y un registro casi documental. Funciona primero como desahogo y después como gesto político. El lenguaje médico no aparece como enemigo, sino como una autoridad simbólica difícil de cuestionar:

“El lenguaje de la medicina… a veces parece una autoridad moral más que una solución concreta.”
“La ciencia no es objetiva en sí misma. La hacen personas que tienen ciertas subjetividades, y eso determina los resultados y los temas que se investigan.”

Históricamente, el cuerpo femenino ha sido nombrado por otros; incluso sus partes llevan nombres de hombres. En el consultorio, el fuego médico cauteriza células para tratar el VPH. Pero en un contexto donde las enfermedades de transmisión sexual siguen atravesadas por el tabú y la culpa, ese mismo fuego puede cauterizar también la autonomía.

La metáfora del fuego recorre el libro. Su lectura enciende una hoguera interna: quemar puede curar, pero también disciplinar.

“De pronto esa quemadura puede extenderse por todos lados… El mismo humo te acaba asfixiando.”

En Electrocauterización: algo como una llaga, el VPH no aparece sólo como diagnóstico, sino como atmósfera moral.

“La culpa sigue pesando mucho. La vergüenza sigue pesando mucho.”

El virus no afecta únicamente a las células; impacta reputaciones, silencios y relaciones.

“He escuchado incluso que hay ginecólogas que recomiendan no decirle a las parejas… porque puede provocar reacciones violentas.”

En pleno siglo XXI, el cuerpo puede enfermar, pero también el miedo. Una infección tratable puede convertirse en cáncer cervicouterino cuando el estigma retrasa el diagnóstico. El problema no es únicamente médico: es social.

Ana Clara no busca embellecer la experiencia, sino exponerla. Su escritura convierte la catarsis en reapropiación.

“Una belleza que no necesariamente es agradable puede transformarte.”
“Hay temas de los que no puedo ni hablar… pero cuando los escribo, puedo leerlos en público.”

Nombrar redistribuye el peso. Lo que antes se vivía en soledad empieza a reconocerse como herida compartida.

“La literatura le da forma a pensamientos que ya están ahí… simplemente nombrar es empezar a diseñar la realidad.”

El libro no apaga el fuego. Lo señala. Y al hacerlo, permite que otras mujeres reconozcan la quemadura que también habitan.