Fortalecimiento del sistema de salud pública mediante la integración de tecnologías avanzadas y medicina tradicional: una estrategia para mejorar el acceso y la equidad en México

Por Silvia Yesenia Guillén Cruces

Resumen

En México persisten desigualdades de acceso efectivo a servicios de salud asociadas a distancia, costos, continuidad y aceptabilidad sociocultural, particularmente en zonas rurales e indígenas. Este artículo propone un modelo de fortalecimiento del primer nivel de atención que articula medicina tradicional con herramientas de salud digital (telemedicina, registro clínico interoperable y seguimiento remoto), bajo un enfoque de derechos, interculturalidad y seguridad del paciente. A partir de literatura reciente sobre desempeño del sistema, determinantes sociales, brechas de atención primaria y experiencias de servicios interculturales, se argumenta que “la salud debe verse como una inversión y no como un gasto”: invertir en prevención, coordinación clínica y pertinencia cultural puede disminuir costos evitables, mejorar resultados y aumentar legitimidad institucional. Se describen condiciones mínimas de gobernanza, regulación, reconocimiento de terapeutas tradicionales, protección de datos, y participación comunitaria para una implementación escalable. El aporte central es un marco operativo que traduce la integración intercultural y la digitalización en rutas clínicas concretas y mecanismos de rendición de cuentas.

Palabras clave

Salud pública; medicina tradicional; salud digital; acceso; equidad; México.

Introducción

Las brechas de acceso efectivo en México no se explican solo por infraestructura o cobertura nominal, sino por fricciones cotidianas: tiempos de traslado, costos directos e indirectos, barreras administrativas, desconfianza y falta de pertinencia cultural. La evidencia reciente describe retos estructurales del sistema y su impacto en el desempeño del primer nivel, así como recomendaciones para fortalecer el derecho a la salud (Ponce, 2024). En paralelo, amplios sectores continúan recurriendo a la medicina tradicional, que opera con legitimidad social pero, con frecuencia, al margen de rutas de referencia, registro clínico y salvaguardas institucionales (Menéndez, 2023).

Sostengo aquí una tesis simple y operativa: la salud debe verse como una inversión y no como un gasto. Cuando el Estado invierte en prevención, coordinación y pertinencia cultural, se reducen costos evitables por complicaciones, se fortalecen trayectorias de atención y aumenta la confianza en el sistema. Bajo esta lógica, propongo un modelo de integración entre medicina tradicional y transformación digital orientado a cerrar brechas de acceso sin comprometer calidad ni seguridad del paciente.

Acceso efectivo, determinantes sociales e interculturalidad

El acceso efectivo combina disponibilidad, asequibilidad, oportunidad, continuidad y aceptabilidad. Las desigualdades se agravan donde la pobreza multidimensional y los determinantes sociales restringen la posibilidad real de buscar y sostener atención (Moreno-Gómez et al., 2017). En el plano institucional, la literatura sobre experiencias interculturales muestra tensiones entre políticas nacionales y decisiones locales, y advierte que la “integración” puede reproducir subordinación si no reconoce racionalidades médicas y autoridad comunitaria (Menéndez, 2023).

Por otra parte, la digitalización abre oportunidades, pero también riesgos como brecha digital, exclusión por alfabetización tecnológica y nuevas formas de desigualdad (Barral Buceta et al., 2023). Por ello, cualquier estrategia digital debe diseñarse con enfoque pro-equidad: pensada para territorios con baja conectividad y acompañada de mediación humana.

Diagnóstico sintético: primer nivel y desigualdad

Los análisis recientes del sistema de salud y de la atención primaria describen una “cascada” con puntos de fuga: personas que requieren atención no llegan, llegan tarde o no continúan, lo que tiende a traducirse en complicaciones y uso ineficiente de recursos (Bautista-Arredondo et al., 2023). A esto se suman carencias territoriales y barreras persistentes en el acceso a servicios, especialmente para poblaciones en desventaja socioeconómica (Navarrete (Bazualdo Fiorini & Contreras Rivera, 2022). En este contexto, insistir únicamente en ampliar oferta biomédica sin ajustar pertinencia cultural y coordinación clínica tiende a producir rendimientos decrecientes.

Modelo operativo de inversión en salud

Se propone un modelo que plantea una red de atención intercultural-digital centrada en el primer nivel, con cuatro componentes.

1) Reconocimiento y articulación clínica de terapeutas tradicionales

Se propone incorporar terapeutas tradicionales como actores comunitarios de salud con reglas claras: criterios de registro voluntario, ámbitos de práctica, mecanismos de referencia/contrarreferencia y protocolos de alarma para canalización oportuna. La experiencia acumulada sugiere que el reconocimiento formal requiere marcos que protejan saberes, eviten la instrumentalización y definan salvaguardas de seguridad (Berrelleza, L. A. M., et al., 2024). El objetivo no es “biomedicalizar” la medicina tradicional, sino construir coordinación clínica donde sea pertinente y seguro.

2) Salud digital para continuidad y oportunidad

Se propone un paquete mínimo de herramientas: (a) teleorientación/teleconsulta para triage y seguimiento; (b) expediente clínico simplificado e interoperable (con módulos interculturales: motivo de consulta, prácticas usadas, consentimiento); y (c) seguimiento remoto en casos seleccionados mediante dispositivos o formatos de bajo costo, con énfasis rural (Escalante, 2025). Este paquete debe diseñarse explícitamente para reducir brecha digital (Vidal-Alaball et al., 2023): interfaces simples, soporte presencial, y funcionamiento “offline primero” cuando sea posible.

3) Gobernanza, transparencia y participación comunitaria

Para evitar asimetrías y construir legitimidad, el modelo propone comités locales de salud intercultural (comunidad, unidades de salud, terapeutas) con funciones de priorización de problemas, vigilancia de calidad y resolución de conflictos. La rendición de cuentas y la participación son condiciones para la sostenibilidad y la confianza (Coronado Proaño et al., 2025). Se incluyen lineamientos de protección de datos, consentimiento informado y trazabilidad de decisiones clínicas.

4) Priorizar prevención, coordinación y pertinencia cultural

En lugar de tratar estas acciones como “costos adicionales”, se proponen como inversión en eficiencia y equidad. Mejorar continuidad, referencia oportuna y prevención puede disminuir complicaciones; además, la pertinencia cultural puede aumentar utilización efectiva y adherencia, evitando desperdicio institucional. La inversión se focaliza en capacidades del primer nivel (equipos, conectividad básica, formación, supervisión) e incentivos para coordinación.

Ruta de implementación

Fase 1: pilotaje territorial con diagnóstico participativo de barreras de acceso y mapeo de terapeutas.

Fase 2: protocolos clínicos de referencia (con listas de signos de alarma), capacitación conjunta y despliegue del paquete digital mínimo.

Fase 3: evaluación formativa (seguridad del paciente, tiempos, continuidad, satisfacción, brecha digital) y escalamiento gradual con ajustes locales. La evaluación debe evitar métricas únicamente de producción; requiere indicadores de acceso efectivo y equidad.

Discusión

La integración medicina tradicional-salud digital no es un “atajo” tecnológico ni un gesto simbólico: exige gobernanza, regulación y diseño pro-equidad. Menéndez (2023) advierte que los enfoques culturalistas pueden invisibilizar poder y condiciones materiales; por ello, el modelo se ancla en determinantes sociales y en participación comunitaria. A su vez, la transformación digital puede amplificar desigualdades si no se acompaña de mediación humana y adaptaciones territoriales (Barral Buceta et al., 2023).

La contribución de esta propuesta es convertir el principio “salud como inversión” en un conjunto de decisiones operativas: invertir en el primer nivel, en continuidad y en pertinencia cultural para reducir costos evitables y mejorar legitimidad. En sistemas con recursos limitados, la pregunta no es si podemos permitirnos invertir, sino si podemos permitirnos seguir pagando el costo de no hacerlo.

Conclusiones

Se propone un modelo intercultural-digital para fortalecer el primer nivel de atención en México mediante: (1) reconocimiento y articulación clínica de terapeutas tradicionales, (2) un paquete mínimo de salud digital diseñado deliberadamente para reducir la brecha de acceso y evitar nuevas exclusiones, (3) gobernanza con transparencia, participación comunitaria y rendición de cuentas, y (4) financiamiento entendido como inversión en prevención, coordinación y pertinencia cultural. En conjunto, estos componentes permiten traducir la integración intercultural y la transformación digital en rutas operativas de atención, priorizando la continuidad, la oportunidad y la aceptabilidad sociocultural como condiciones del acceso efectivo.

La tesis central es que la salud debe verse como una inversión y no como un gasto lo que orienta la priorización de capacidades del primer nivel que suelen subestimarse en el diseño institucional: formación y supervisión, mecanismos de referencia y contrarreferencia, seguimiento clínico, mediación humana para el uso de herramientas digitales, y marcos normativos que protejan tanto la seguridad del paciente como la dignidad y autonomía de los saberes tradicionales. Entendida como inversión, la política pública deja de concentrarse exclusivamente en expandir oferta biomédica y se desplaza hacia la reducción de fricciones que interrumpen trayectorias de atención, incrementan la carga evitable y profundizan desigualdades territoriales y sociales.

La viabilidad del modelo, sin embargo, depende de condiciones mínimas: reconocimiento no subordinante de terapeutas tradicionales, reglas claras de coordinación clínica, protocolos de alarma y canalización, protección de datos y consentimiento informado, así como mecanismos comunitarios que fortalezcan legitimidad y confianza. En este sentido, la propuesta no busca reemplazar el sistema existente, sino aumentar su efectividad en territorios donde la atención biomédica y las prácticas tradicionales coexisten, frecuentemente sin coordinación y con costos sociales para la población.

Futuras investigaciones deben evaluar el desempeño del modelo en términos de acceso efectivo, seguridad del paciente, continuidad, satisfacción y confianza institucional; además de estimar costos evitables asociados a trayectorias interrumpidas y complicaciones prevenibles. También es indispensable analizar los efectos distributivos de la digitalización (quién se beneficia y quién podría quedar rezagado) en contextos de conectividad limitada y heterogeneidad en alfabetización digital. Finalmente, se recomienda desarrollar evaluaciones comparativas por territorio que permitan identificar qué combinaciones de gobernanza, pertinencia cultural y herramientas digitales generan mejores resultados, con el fin de orientar escalamiento responsable y sostenible.

Referencias

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Silvia Yesenia Guillén Cruces es economista por la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional, con especialidad en economía política. Es maestra en Derecho Constitucional por la UNAM y actualmente cursa el doctorado en Salud Pública, área en la que centra su trabajo de investigación.

Ha ocupado distintos cargos en la administración pública federal: fue asesora en la Cámara de Diputados (2016), auditora en la Administración Pública Federal y enlace en el Senado de la República (2018), donde dio seguimiento legislativo a agendas de economía y salud. En 2020 se integró al equipo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Actualmente se desempeña como titular de Finanzas en la Cámara de Diputados, mientras concluye su doctorado en Salud Pública, del cual se desprende el presente artículo científico.