Tocaron a mi puerta… y me dejaron un regalo de 10

Arturo J. Flores

Dijo Messi en una entrevista que aparece en TikTok que el 10 tiene un significado místico para todos los argentinos. Lionel, como muchos de sus connacionales, “siempre quise ser como Maradona cuando era niño”.

Una persona entre los cerca de dos mil comentarios que tiene el contenido, le revira: “No pudiste ser como él, Messi. Fuiste mucho mejor”.

Huelga decir que ambas leyendas llevaban el número 10 en la espalda.

Yo no soy argentino, ni me gusta el futbol. Ojo: cuando reconoces que algo no es de tu agrado, la gente te toma por un detractor, un antagonista, el enemigo natural. Para nada. Sólo nunca —pese a tener un padre Chiva hasta la médula— me pude contagiar de la pasión del balompié.

Para jugarlo fui pésimo. Tampoco me interesó seguirlo por televisión, así como memorizar nombres y estadísticas. Siempre fui el último al que elegían en la reta banquetera. Durante la cáscara, si llegaba a rozar el balón con los pies se debía a una mera casualidad.

Hace un par de días tocaron a mi puerta. Un mensajero me trajo un regalo singular. Me recordó a los episodios de las caricaturas en las que alguien abandona a un bebé en una cuna o un gatito en una caja para que un extraño lo adopte.

Pero no. Se trataba de algo mucho más interesante (lo siento) que un gatito indefenso.

Recostada en una cajita de madera junto a una camiseta amarilla, una de las 10 botellas que Torres lanzó en una edición especial inspirada en igual número de naciones que participan en la justa deportiva.

Sí, las hay de México, España, Argentina, Canadá, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos.

Obviamente, me tocó la de nuestro país.

Y gracias, no venía pintada de morado ni con garabatos de ajolotes.

Pero definitivamente, me hizo reflexionar respecto a lo mucho que envidio a quienes profesan la fe del futbol. Seguramente mi sentir sería otro ante la cercanía de la Copa. Porque lo que para otros representa placer, a mí me remite a esos primeros días en los que nadie me quería en su selección.

Mientras escribo, me preparo una receta de las que mi regalito incluía para darle utilidad a la botella mundialista. Una que lleva espresso, licor y granos de café.

¿Qué me queda sino darle la razón a Messi?

Brindo por Maradona, por él y todos los dieces del futbol.

Desde lo profundo del corazón de este agradecido villamelón.

Salud.